España obtiene su primera victoria 1-0 sobre Irán en última jornada del Martes.

España dio un paso de gigante hacia los octavos de final gracias a una trabajada y ajustada mínima victoria (1-0) sobre Irán, que resistió el empate durante 54 minutos y con el marcador en contra buscó como buenamente pudo un empate que llegó a rozar, condenando a la selección de Fernando Hierro a un sufrimiento que a priori era difícil de imaginar.

Se acabaron los paseos. Así podría hablarse de un Mundial en el que Irán, aún perdiendo, se sumó a Islandia o a Perú, a Suiza, Japón, Senegal, Marruecos o Australia, equipos menores pero capaces de poner de los nervios a selecciones llamadas a ser protagonistas y que en Rusia han descubierto que el futbol mantiene una aristocracia… Pero está mucho más igualado que en el pasado.

Ganó España, sí, pero lo hizo padeciendo una recta final de partido impensable, aguantando el balón como podía ante la rebelión persa, achicando contra un equipo capaz de entregarse hasta el último suspiro en busca de un empate que llegó a abrazar. Pero que no llegó.

Paciente de entrada, consciente de enfrentar a un rival ultradefensivo, la selección española apostó por la combinación y la tranquilidad, con el eje Busquets-Iniesta como inicio y continuación de la jugada en busca de un hueco imposible entre la telaraña montada por Queiroz, que planteó una defensa con dos líneas en la que los diez jugadores de campo se multiplicaban, aplicados, en defender un 0-0 que se adivinaba milagroso…

Y que con el paso de los minutos comenzó a agobiar tanto a los españoles como a incidir en su idea a los iraníes, que en toda la primera parte no hicieron intervenir a De Gea, abusaron del pelotazo para sobrevivir al asedio y se fueron acostumbrando y acomodando al guión de un partido cada vez más cantado.

La apuesta de Lucas Vázquez no le salió bien a España, pensando en abrir el juego por las bandas y que no encontró nunca en buena disposición al madridista, sustituto en el once de Koke y perdido en el campo, incapaz de aprovechar su cambio de ritmo por no encontrar, o buscar, los espacios adecuados.

De esta manera transcurrió entre el monólogo y el bostezo una primera mitad insulsa y en la que el absoluto dominio hispano no se tradujo en ocasiones claras, marchándose al descanso con evidentes signos de contrariedad y entendiendo que no le resultaría sencillo imponer su superioridad.

Capítulo aparte mereció en esa primera mitad Diego Costa, autor después del 1-0 tras una primera mitad de pesadilla… Y en la que protagonizó una jugada un tanto extraña y polémica, con un posible pisotón al meta persa que bien pudo costarle la expulsión.

SUSTO, GOL Y CAMBIO

Si el partido comenzó al ralentí, lejos de la intensidad esperada y con España contagiándose del ritmo rival, la segunda mitad fue una historia totalmente distinta. Salió revolucionado el equipo de Hierro, disfrutando de hasta dos buenas ocasiones casi consecutivas y a la tercera logró el gol que lo cambió todo.

Después de una doble intervención soberbia de Beiranvand que invitaba a pensar en un gol en pocos minutos, Irán dio su primera señal de peligro, en una jugada que terminó con un obús de Karim Ansarifard que se marchó muy ajustado y dio a pensar que al ataque español podía empezar a responder el conjunto persa.

Pero llegó el gol del supuesto respiro. Fue cuando, por fin, Iniesta encontró ese pasillo imposible para darle en el área un pase adelantado a Diego Costa que acabó marcando de rebote en la pelea con Rezaeian y Pouraliganji para dar aire a España. Se llevaban 54 minutos y, parecía, el triunfo estaba encaminado.

Ahí, sin embargo, llegó el tercer acto distinto en el partido. Derrotado en el marcador, el equipo iraní dio un paso al frente y todo lo que fue antes defensa lo convirtió en un novedoso sistema en el que al aguante le añadió el atrevimiento. Se estiró Irán, tomó por sorpresa a España y de forma extraña el duelo hasta se equilibró.

 

 

Vía: espndeportes.com

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